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martes, 10 de abril de 2012

Intocable: Una amistad sin barreras

Abordar este film desde la moralidad humana es casi de obligado cumplimiento. Ya que la naturaleza de esta historia reside en la esencia de las auténticas relaciones interpersonales, las que se forman desde la amistad más sincera y se forjan sin tapujo alguno.

En esta historia donde se enlazan las dispares vidas de un refinado aristócrata parisino y un joven de extrarradio de origen africano, prevalece el valor más terrenal que a todos los seres humanos nos hace iguales. Hecho que enfrenta radicalmente con los sentimientos clasistas y xenófobos que predominan entre los mundos a los que pertenecen los dos protagonistas.

Phillipe es un rico aristócrata que derrocha cultura y sensibilidad. Aun así, dos desafortunados incidentes han truncado su vida: la muerte de su mujer y su posterior accidente que le conlleva a sufrir una tetraplejia.  En una ardua búsqueda por encontrar a un asistente masculino para atender a Phillipe, éste conoce a Driss en una entrevista de trabajo destinada a ese fin. El rico, atraído por la posibilidad de experimentar con el joven de barrio, extremadamente sincero y vacilón, lo contrata como asistente y ahí es donde comienza una relación totalmente surrealista.

Driss y Phillipe se divierten en la nieve
Con unos pasajes trepidantes, la historia se convierte en estremecedora y desternillante por igual, al tiempo que da un puñetazo sobre la mesa poniendo en evidencia la guerra de clases y de razas que aún todavía asola a nuestras sociedades.

Al fin y al cabo, el humor y la amistad no entienden de ninguna barrera y los convierte en armas letales frente a las adversidades. Una historia que indudablemente merece ser vista.


viernes, 25 de febrero de 2011

Topaz. Hitchcock y la guerra fría I

En esta ocasión, hablaré acerca de una película que he tenido el placer de contemplar recientemente: Topaz. No obstante, el comentario que haré acerca de la obra, no será del tipo que se espera leer sobre un film. Dicho esto, procederé a mis anotaciones.

Se trata de una película dirigida por el omnipresente y singular genio del celuloide Alfred Hitchcock y estrenada allá por el año 1969. Sigue fiel a su estética y al género del que presumiblemente sea dueño y señor: el suspense.

En un principio, la realización se rigió por un estilo característico que ya llevaba experimentando Hitchcock; estilo que para algunos venía representando el declive de su intachable filmografía –cuajada sobre todo en la década de los 50-. Dicho estilo, le llevó a hacer un final que a priori era de su agrado. Pero no es nuevo para nadie, que para alcanzar cierto éxito haya que someterse a la rigurosidad de la opinión pública. Así fue como surgieron hasta tres finales independientes, como consecuencia de un preestreno no falto de críticas desfavorables.

La historia en si, trata de la amenaza que supusieron las fuerzas soviéticas cuando operaban en la isla de Cuba. Por lo que las fuerzas de inteligencia y espionaje norteamericanas pusieron todos sus mecanismos alerta, en tanto en cuanto sus espías aliados les hacían ciertos “recados”.

Uno de esos espías es el francés André Devereaux, el cual se encargará de esclarecer todo el caso, y en definitiva abordar el problema que tanto preocupa a la CIA. La historia no transcurrirá exenta de viajes, situaciones peliagudas, amor, desamor y suspense, mucho suspense.

Como ya he dicho antes su género por antonomasia, con una estética exquisita –quizás demasiado europea para el público norteamericano- y que a fin de cuentas es uno de los sellos que dejó el director inglés para finiquitar su colección de obras propias.

A lo mejor, sea un film algo light para los seguidores del espionaje más belicoso. Pero sobre todo, representa una cinta del célebre director que pasó lamentablemente desapercibida, pero que con el tiempo se valoró. Probablemente el escaso éxito, sería una consecuencia de que años atrás dejara el listón tan alto que la firma Hitchcock portaba un enorme peso.

A pesar de todo ésto, no deja de ser una obra digna de ser vista y disfrutada; incluso a sabiendas de que es una segunda división de Alfred Hitchcock, no tiene parangón alguno con premieres de otros ilustres autores.

sábado, 30 de octubre de 2010

WALL STREET 2: La codicia nunca duerme

Comenzaré este nuevo blog, haciendo una introspección de nada más y nada menos que una de las películas que auguro, será de las más taquilleras del año dos mil diez.

Como la mayoría sabréis, se trata de una secuela del film rodado por el mismo Oliver Stone allá por 1987, en el que se trata de mostrar a los espectadores los entresijos que rodean al mundo de la bolsa neoyorquina.

A mi juicio, encontramos una trama digna de una película de alto voltaje; en la que el director no ha sabido canalizar adecuadamente dicho contenido. Teniendo en cuenta que el contexto del que trata -la crisis financiera que acaece nuestros días- da mucho juego a la hora de hacer hincapié en el mensaje, me sabe a poco. Es decir, nos topamos con un Stone comedido al que pocos seguidores de filmes como JFK: caso abierto, Asesinos natos o la misma Wall Street del 87, esperabamos desde nuestras butacas.

Aun así, la suavidad en el contenido no es sinónimo de pérdida de calidad. Para que ello así fuera, se aseguraron desde la producción, de no escatimar en el mejor recurso cinematográfico existente: unos actores de ensueño.


Permitiéndose el capricho de que Susan Sarandon actuara en un papel secundario y contar como no, con el carismático Michael Douglas para interpretar el papel que únicamente podría llevar su nombre, Gordon Gekko, nos deleitan con sendas actuaciones providenciales. Sin olvidar a unos jóvenes con talento que se enrolaran sobre el hilo principal:  Jacob (Shia La Beouf), como yerno de Gekko y Winnie (Carey Mulligan) interpretando a la hija del citado magnate.

A lo mejor mucha gente discrepará conmigo, pero a mí entender el clímax del film eclosiona en el momento en que Gordon Gekko, se topa casualmente en una fiesta benéfica con Bud Fox (Charlie Sheen) –el mísmo que en la primera película le manda a la cárcel-. Éste, le explica en una conversación, no exenta de mordacidad, que lleva una vida opulenta en el retiro desde que vendió aquella compañía en la que en su día “creyó” y por la cual luchó hasta acabar con el mismísimo Gekko. Este guiño me parece que es, por parte de Stone, un acierto mayúsculo a la hora de mostrar lo ruin que puede llegar a ser la raza humana y lo tambaleantes que pueden llegar a ser sus principios; sobre todo en un lugar como pueda ser Wall Street donde la ambición no tiene límite alguno.